No es difícil desmontar el pretendido progresismo de la "letalísima trinidad". Basta con hacer lo que yo he hecho en las páginas precedentes (contrastar sus promesas de progreso con las realidades de los desastres producidos) y preguntarles: progreso ¿para quiénes?, ¿para cuántos?, ¿a costa de qué?. Esa sencilla técnica desvela inequívocamente su tramposo pseudoprogresismo. Pero lo que me interesa subrayar ahora es que al hacer eso, que desde luego hay que hacerlo, es preciso que seamos rigurosos, que seamos implacables en el análisis de nuestras propias posiciones, que no ofrezcamos flancos débiles al contraataque.
Y ello exige que depuremos nuestro propio progresismo. Es claro, por ejemplo, que la gigantesca creación teórica de Karl Marx es la herramienta necesaria y poderosamente eficaz para destruir la maraña de propaganda y falsedades de la "letalísima trinidad" sobre sus funciones y sus resultados. La tesis marxiana de la depauperación absoluta del proletariado como resultado inexorable del despliegue del capitalismo, unida a los datos empíricos de la realidad actual del planeta que ellos mismos proporcionan, configuran -como espero haber mostrado en las páginas precedentes- la crítica demoledoramente definitiva a ese mal disfrazado pseudoprogresismo.
Pero es preciso que evitemos lo que muchos no hacen. Es preciso que evitemos confundir el uso que es imprescindible de las imprescindibles construcciones marxianas con la anticientífica adoración de Marx y de su obra. Es preciso que nos demos cuenta de algo que él sabía muy bien: que era un hombre del siglo XIX cuya visión estaba inevitablemente limitada por esa realidad social. Limitada no sólo (y es muy importante) por la suma de conocimientos sobre la realidad que aún no se habían logrado o por los fenómenos que aún no se habían producido. Sino también por el ambiente global de la época, por las realidades nuevas que en ella se vivían y por la forma en que ante ellas se reaccionaba colectiva y masivamente.
El genio descomunal de Marx pudo contrarrestar muchas de esas limitaciones pero tuvo también que tropezar y pararse (o desviarse equivocándose) ante otras. Una de esas limitaciones puede ser castrante para nosotros si no nos libramos de ella como Marx se habría librado si hubiera podido conocer los datos y los hechos que nosotros sí conocemos. Me refiero a la "contaminación" que Marx y Engels sufrieron, como hombres del XIX, por la ideología justificadora del progreso. Que les llevó, precisamente a ellos que fueron implacables enemigos, rotundísimos denunciadores y enérgicos críticos del capitalismo histórico, a hacer no poco hincapié en el pretendido papel históricamente progresivo del capitalismo, a resaltar los aspectos en los que el capitalismo era "progresista". Repasar las primeras páginas del Manifiesto comunista es leer una durísima crítica de la burguesía pero sería negar la evidencia desconocer el tono épico y admirativo que rezuman ante los logros del "sometimiento de la naturaleza" y el hecho de haber creado "fuerzas productivas más abundantes y grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas".
Nosotros tenemos hoy una cantidad de información sobre los procesos históricos europeos y no europeos que es docenas, cientos, miles de veces mayor de la que existía en tiempos de Marx y Engels. Sabemos, además, lo que ha pasado en el planeta en los últimos cien años, después de fallecido Marx y conocemos la evidencia de la degradación ecológica provocada por el capitalismo. Y contamos con teóricos marxianos de talla impresionante (como Immanuel Wallerstein al que en otro lugar he llamado el Marx del siglo XX) que han reflexionado sobre toda esa nueva información. Sería inexcusable que, siendo hombres y mujeres de finales del siglo XX, por mimetizar a Marx y Engels mimetizáramos también su equivocado "progresismo", inevitable en hombres del XIX.
Lo que hoy sabemos del pasado y del presente (y que ni Marx ni Engels pudieron saber en el siglo XIX) nos permite saber que el capitalismo NO es NI ha sido ni progresivo ni progresista en absoluto. Que sólo puede válidamente llamársele progresivo en el estrechísimo y literal sentido de que ha sido posterior a otros sistemas anteriores y de que su origen puede explicarse por algo que sucedió antes que él.
Lo que hoy sabemos del pasado y del presente (y que ni Marx ni Engels pudieron saber en el siglo XIX) nos permite saber que, dicho con frases de Wallerstein, "la inmensa mayoría de la población del mundo está objetiva y subjetivamente en peores condiciones materiales que en los sistemas anteriores" y que "se puede argumentar que también están en peores condiciones políticas".
Y que "La abrumadora mayoría de los trabajadores mundiales, que viven en zonas rurales u oscilan entre éstas y los suburbios de la ciudad, están en peores condiciones que sus antepasados hace quinientos años. Comen menos bien y ciertamente tienen una dieta menos equilibrada. Aunque tienen más probabilidades de sobrevivir a su primer año de vida (a causa del efecto de una higiene social destinada a proteger a los privilegiados), dudo de que las esperanzas de vida de la mayoría de la población mundial a partir del primer año de vida sean mayores que antes; sospecho que más bien sucede lo contrario. Indiscutiblemente trabajan más: más horas por día, por año, por vida. Y dado que lo hacen por una recompensa total inferior, la tasa de explotación ha aumentado fuertemente."
Para entender bien esto es preciso caer en la cuenta de que los capitalistas y el capitalismo surgieron en Europa para resolver la supervivencia y permitir la perpetuación del dominio de los señores feudales.
Es útil que en este momento recordemos hasta qué punto el capitalismo real no es un sistema "natural", hasta qué punto (y pese a que actualmente ha llegado a abarcar todo el planeta) es un sistema "artificial". Hasta qué punto es también excepcional. Nos conviene recordar que en todos los milenios anteriores de historia conocida de la humanidad las economías-mundo desembocaron en imperios-mundo en los que el excedente agrícola se extraía en forma de tributo. El capitalismo real ha surgido como respuesta excepcional a la gravísima crisis del feudalismo. Feudalismo que, a su vez, tampoco era una economía "natural" -una economía de autosubsistencia- sino un modo de producción excepcional -la extracción del excedente en forma de rentas feudales- y el fruto de la desintegración incompleta del imperio romano. Imperio romano que, a su vez, era un modo de producción excepcional - el esclavista/mercantil- como caso peculiar de las formaciones tributario-mercantiles.
Es ese encadenamiento de excepciones el que explica por qué el capitalismo real cuajó precisamente en Europa. Como la naturaleza excepcional del feudalismo japonés explica el fácil y eficiente desarrollo del capitalismo en el Japón. Lo que nos importa ahora subrayar es que el capitalismo real surge como solución a la gravísima crisis que azota a la Europa feudal en los siglos XIV y XV. Las clases dominantes estaban entusiásticamente dedicadas a destruirse mutuamente (recuérdense las Guerras de los Cien Años y de las Dos Rosas). La base de su estructura económica (su sistema de apropiación del producto de la tierra) se estaba haciendo más flexible orientándose a una distribución mucho más igualitaria de lo que lo había sido en los mil años anteriores mientras que los pequeños campesinos se estaban haciendo mucho más eficaces como productores. Las peleas fratricidas entre los que tenían el poder político (en Euskal Herria las guerras de bandos) estaban por un lado debilitando a las estructuras políticas y por el otro dificultando la necesaria tarea de reprimir la creciente fuerza de las masas dominadas y explotadas. Movimientos igualitarios estaban surgiendo además en el seno de la Iglesia, tensionándola y debilitando la fuerza aglutinante ideológica del catolicismo (ahí encaja la importancia y trascendencia de la guerra de liberación nacional y social husita, el excepcionalmente importante fenómeno taborita). Incluso los cambios tecnológicos en el arte de la guerra que eclipsaron a los arcos y ballestas con los cañones y los arcabuces y a las cargas de la caballería acorazada con las cargas de la infantería disminuyeron las ventajas de las clases dominantes. En frase de WALLERSTEIN : "Las cosas estaban realmente cayéndose a pedazos".
El problema central de las clases dominantes europeas, lo que necesitaban de verdad la nobleza feudal y la burguesía, era encontrar una fuerza de trabajo más tratable y/o reconvertir en más tratable la que tenían. QUE ES (DICHO SEA ENTRE PARENTESIS) EXACTAMENTE EL PROBLEMA QUE HOY MISMO TIENE EL BLOQUE DE CLASES DOMINANTE MUNDIAL Y LA LABOR PARA LA QUE LA "LETALISIMA TRINIDAD" ES CRUCIAL. El tamaño de la población no era el problema principal. El problema principal era EL DETERIOR0 de las relaciones sociales establecidas entre las clases altas y bajas. Y ese es el problema que el capitalismo real va a resolver. Utilizando la expansión como mecanismo. Porque el problema se planteaba así: lº) el sistema feudal había superado su nivel óptimo de productividad; 2º) la recesión económica generaba a la vez una guerra de clases generalizada (un rosario de insurrecciones campesinas contra sus señores feudales por toda Europa) y una serie de luchas fratricidas e intestinas entre las diversas fracciones de las clases señoriales. La única solución para evitar el estancamiento de Europa occidental y para evitar seguir diezmando a su población era aumentar la tarta económica a repartir. Lo cual sólo podía entonces hacerse mediante la expansión de los territorios y de la base de la población para su explotación. Esa es la motivación profunda de la expansión europea del siglo XVI y siguientes y de la conquista y explotación de lo que va a convertirse en la América Latina como prerrequisito y consecuencia del desarrollo y consolidación del capitalismo real.
Es ese genio llamado Immanuel WALLERSTEIN, a quien fielmente he seguido en la exposición que acabo de hacer, quien ha formulado lo conveniente que fue para los señores feudales que cuajara la salida hacia el capitalismo cuando "las cosas estaban realmente cayéndose a pedazos". WALLERSTEIN nos ha explicado muy bien que el absolutismo europeo fue la forma en que se reorganizó y potenció la dominación de las masas campesinas substituyendo la dominación feudal por la dominación capitalista para mantener a esas masas en su posición social tradicional, a pesar y en contra de las mejoras que de 1250 a 1450 ó 1500 habían conquistado mediante la amplia conmutación de las cargas feudales que les permitió incrementar constantemente su participación en el excedente durante ese período de crisis del feudalismo del siglo XIII al XV.
Leamos a WALLERSTEIN:
"Si Europa hubiese continuado en la senda por la que se encaminaba, es difícil creer que los esquemas de la Europa feudal medieval, con su sistema sumamente estructurado de < Si esto habría sido bueno o malo, y para quién, es un tema de especulación y de poco interés. Pero es evidente que la perspectiva debió de intranquilizar a los estratos superiores de Europa: de intranquilizarlos y de asustarlos, especialmente cuando se dieron cuenta de que su armadura ideológica también se estaba desintegrando. Sin sugerir que nadie verbalizara conscientemente tal intento, podemos ver, comparando la Europa de 1650 con la de 1450, que ocurrieron las siguientes cosas. En 1650, las estructuras básicas del capitalismo histórico como sistema social viable habían sido establecidas y consolidadas. La tendencia hacia la igualación de las recompensas había sido drásticamente invertida. Los estratos superiores se habían hecho de nuevo con el control de la política y la ideología. Había un nivel razonablemente alto de continuidad entre las familias que formaban parte de los estratos superiores en 1650. Además, si sustituyéramos la fecha de 1650 por la 1900, encontraríamos que la mayoría de las comparaciones con 1450 seguían siendo válidas. Fue sólo en el siglo XX cuando hubo algunas tendencias significativas en una dirección diferente, signo como veremos de que el sistema histórico del capitalismo, tras cuatro o cinco siglos de florecimiento, ha entrado finalmente en una crisis estructural.
Tal vez nadie haya verbalizado el intento, pero ciertamente parece como si la creación del capitalismo histórico en cuanto sistema social hubiera invertido especialmente una tendencia que los estratos superiores temían, y establecido en su lugar una tendencia que servía aún mejor a sus intereses. ¿Es esto tan absurdo? Sólo para quienes fueron sus víctimas.
Tenemos datos que demuestran el descenso de los salarios reales entre el comienzo del siglo XVI y el final del siglo XVIII. Unos fueron citados por el propio Marx en nota a pie de página en El Capital. Estos: en 1803 alcanzaba su sexta edición una obra de Richard Price en la que se decía lo siguiente:
"El precio nominal de la jornada de trabajo no es actualmente más que 4 o a lo sumo 5 veces mayor que en el año 1514. Pero el precio del trigo se ha septuplicado, el de la carne y el de la indumentaria se multiplicaron por 15. El precio del trabajo, por consiguiente, se ha quedado tan atrás con respecto al incremento experimentado por el costo de la vida, que en proporción a este costo su monto parece no ser ni siquiera la mitad de lo que era antes".
Y una obra monumental aparecida en 1960, que ha estudiado la historia de Europa Occidental del año 500 al año 1850, contiene un cuadro que presenta los salarios reales por día de un carpintero inglés medidos en kilogramos de trigo en cada uno de los períodos de cincuenta años, desde el período 1251-1300 al período 1801-1850. Mediante números índices. De forma que, haciendo igual a 100 el salario del período 1721-1745, el máximo (155,1) lo encontramos en 1401-1450. Es decir, en los cincuenta años anteriores al surgimiento de la economía-mundo europea capitalista. En los períodos de cincuenta años sucesivos el salario real va bajando hasta un mínimo de 48,3 en 1601-1650 para recuperarse luego pero siendo todavía de sólo 94,6 en 1801-1850.
Ahorro aquí el detalle de la larga serie de concienzudas investigaciones históricas que han demostrado que el consumo de carne por los europeos descendió continua y considerablemente en el período que va de 1400 a 1750. El consumo de pan desplazó al consumo de carne precisamente hasta mediados del siglo XIX. La dieta de los europeos empeoró precisamente coincidiendo con el arranque y consolidación de la economía-mundo capitalista. De 1400 a 1750 Europa fue una gran consumidora de pan y en más de la mitad vegetariana. La situación de 1750 -mucho pan y poca carne- suponía un evidente deterioro respecto de la última época del feudalismo.
Wallerstein comenta esos datos afirmando rotundamente que "los trabajadores europeos pagaron parte de los costos del desarrollo económico europeo". Ahora, cuando históricamente hablando estamos ya en el siglo XXI, aquellos señores feudales supérstites como clase dominante mediante su transmutación en clase dominante capitalista aparecen de nuevo reencarnados en una última versión de los señores de los anillos: las empresas transnacionales o multinacionales. Para quienes la "letalísisma trinidad" FMI/BM/GATT han sido los trampolines hacia el poder.
¿Se entiende por qué afirmo que la denuncia de esa trinidad como PSEUDOPROGRESISTA debe ir cuidadosamente acompañada de una reflexión autocrítica de nuestras autodefiniciones como progresistas y de un esfuerzo teórico-práctico para lograr una más profunda comprensión de los mecanismos internos y de la compleja dialéctica del capitalismo y de la intrínseca perversidad de sus efectos que benefician a una minoría en perjuicio de la inmensísima mayoría?.